Por el Dr. Cristo León.
Última revisión 24 de octubre de 2026.
Expediente: HoL 004
Diario de campo: Chimalnepantla, Semionauta de Teotl
Instrumento de observación: Chul
Objeto de investigación: Danielewski, M. Z. (2000). House of Leaves (2nd ed.). Pantheon Books.
Fecha de observación: 22 de octubre de 2026
Sección examinada: Capítulo II, pp. 8–18
Pregunta central: ¿Qué tipo de nexo es la Casa?
Pregunta actual: ¿Puede una exégesis crear el objeto que afirma interpretar?
Entrada previa: House of Leaves: The Navidson Record: ¿realidad o ficción? — Nota 0003
Dos películas
El Capítulo II comienza con Mary Shelley:
“The labours of men of genius, however erroneously directed, scarcely ever fail in ultimately turning to the solid advantage of mankind.”
La cita proviene de Frankenstein y, por ahora, parece funcionar como algo más que un epígrafe.
Zampanò comienza a hablar de descubrimientos que ocurren mientras se busca otra cosa. Desde esa perspectiva propone que dentro de The Navidson Record existen, en cierto sentido, dos películas: la que Navidson terminó haciendo y aquella que originalmente pretendía hacer.
En abril de 1990, Navidson aparentemente sólo quería documentar algo cotidiano: la compra de una pequeña casa en el campo, su relación con Karen, sus hijos y la vida familiar que esperaban construir allí.
El comienzo carece de presagios evidentes.
Eso es importante porque nosotros ya no podemos observar esas imágenes con la misma inocencia.
El Dr. Isaiah Rosen, citado por Zampanò, sostiene que Navidson es un fraude desde el primer cuadro. Para Rosen, la aparente espontaneidad forma parte de la representación. Zampanò rechaza esa interpretación y defiende la importancia de considerar las intenciones originales de Navidson.
Pero aparece inmediatamente un problema.
No puedo encontrar a Isaiah Rosen.
Tampoco su Flawed Performances: A Consideration of the Actors in the Navidson Record.
Así que estoy leyendo el argumento de un crítico posiblemente inexistente sobre las intenciones de un cineasta dentro de una película que tampoco parece existir.
Y, sin embargo, la referencia parece correcta.
Tiene autor.
Título.
Editorial.
Fecha.
Página.
Tiene, en otras palabras, la forma de la evidencia.
Una exégesis
En la página 9, la nota 13 utiliza una expresión particularmente importante para describir el trabajo de Zampanò:
critical exegesis.
Una exégesis presupone un objeto anterior.
Primero existe un texto, una película, un documento o algún otro artefacto. Después llega alguien que lo examina, interpreta y comenta.
Pero eso produce aquí una dificultad fundamental.
Si The Navidson Record no existe, ¿qué está interpretando Zampanò?
La misma nota reconoce además una anomalía. Dentro de aquello que supuestamente es un trabajo crítico aparecen largas descripciones narrativas. Para explicar esta irregularidad, los editores nos envían hacia otra parte del manuscrito: Capítulo V, nota 67.
Allí Johnny relata una conversación telefónica con Maus Fife-Harris, candidata doctoral en Literatura Comparada en UC Irvine, quien afirma haber trabajado para Zampanò transcribiendo fragmentos que él le dictaba.
Fife-Harris también había detectado el problema.
Según recuerda, le dijo que aquellas narraciones no pertenecían a un trabajo crítico y que, si Zampanò fuera estudiante suyo, le bajaría la calificación.
Incluso llegó a decirle que escribía como un estudiante de primer año.
La respuesta de Zampanò fue:
“We always look for doctors but sometimes we’re lucky to find a frosh.”
Esto cambia mi lectura.
Zampanò no parece ignorar las convenciones del discurso académico.
Parece estar rompiéndolas deliberadamente.
Su texto analiza una película, pero también la narra.
Describe escenas.
Reconstruye acontecimientos.
Introduce testimonios.
Cita interpretaciones.
Produce contexto.
Y todo ello contribuye a darle existencia a un objeto que, fuera de ese mismo aparato documental, sigo sin poder localizar.
Surge entonces la pregunta que guiará esta entrada:
¿Puede una exégesis crear el objeto que afirma interpretar?
¿Quién vio The Navidson Record?
La conversación con Fife-Harris confirma además algo particularmente problemático.
Zampanò era ciego.
Ya no tenemos solamente la afirmación de Johnny. Ahora aparece otro supuesto testigo que recuerda haber trabajado para un hombre anciano y ciego.
Esto vuelve todavía más extraño el nivel de detalle visual con el que se describe The Navidson Record.
¿Quién vio la película?
Quizá alguien se la describió a Zampanò.
Quizá sus colaboradores participaron en la reconstrucción.
Quizá existe otra explicación que todavía no puedo observar.
Por ahora sólo puedo registrar una cadena:
Navidson → película → ¿? → Zampanò → colaboradores → Johnny → editores → lector.
El problema es que ninguno de estos niveles parece completamente transparente.
Cada intermediario puede interpretar lo recibido.
Y pronto descubriré que también puede modificarlo.
Nota de Chimalnepantla: las notas al pie como territorio
Hace tiempo intenté descifrar fragmentos de un lenguaje pyrexiano incompleto que aparecía oculto en relieves de fotografías, dibujos e ilustraciones producidas por distintos artistas.
El problema inicial era sencillo: no había suficiente información.
Un signo aislado podía significar cualquier cosa.
Pero cada nuevo fragmento permitía comparar formas. Poco a poco comenzaron a identificarse letras, repeticiones y relaciones. Lo que inicialmente parecía ruido empezó a revelar una gramática.
Quizá deba tratar las notas al pie de House of Leaves de la misma manera.
No asumir que una nota innecesariamente larga es ruido.
No descartar una referencia porque parezca absurda.
No exigir que cada fragmento revele inmediatamente su función.
Coleccionarlos.
Quizá todavía no tengo suficientes signos para leer el lenguaje.
La nota 18
En la página 12 entré en la nota 18.
No salí hasta la página 16.
Johnny comienza a hablar y la estructura del capítulo se transforma.
Lude.
Drogas.
Mujeres.
Recuerdos.
Galveston.
Agua fría.
Elementos que aparentemente no tienen relación directa con el argumento que Zampanò estaba desarrollando comienzan a ocupar páginas enteras.
Esto altera la relación habitual entre texto y nota al pie.
Una nota debería ser subordinada.
Debería aclarar, documentar o ampliar brevemente algo que pertenece al texto principal.
Aquí sucede lo contrario.
El margen invade el centro.
La pequeña marca que prometía una aclaración abre un espacio narrativo propio y me aleja durante cuatro páginas del lugar donde había comenzado.
Es difícil no establecer una comparación espacial.
La Casa contiene un espacio cuyas dimensiones empiezan a resultar problemáticas.
El libro contiene una nota cuyas dimensiones también exceden aquello que aparentemente debería contenerla.
La nota 18 funciona como un pequeño pasillo textual.
Entré buscando una aclaración.
Cuatro páginas después todavía estaba dentro de Johnny Truant.
Quizá una nota al pie también pueda ser más grande por dentro que por fuera.
Johnny contamina el manuscrito
Al final de esta digresión ocurre algo todavía más importante.
Johnny reconoce una intervención.
Zampanò había escrito heater.
Johnny añadió water.
Parece insignificante.
Una palabra.
Pero metodológicamente cambia todo.
Hasta ahora podía imaginar a Johnny como alguien que había encontrado un manuscrito y estaba intentando reconstruirlo.
Ahora sé que también lo modifica.
La cadena deja de ser únicamente una cadena de transmisión:
Navidson → Zampanò → Johnny → editores → lector.
Cada nivel puede transformar el anterior.
Y eso significa que cuando leo una frase ya no puedo estar completamente seguro de quién está hablando.
Zampanò pudo escribirla.
Johnny pudo modificarla.
Los editores pudieron intervenir después.
Incluso el objeto que estoy intentando estudiar comienza a perder límites claros.
Johnny termina su intervención con una frase extraña:
“Let the cold water run.
It’s gotta warm up eventually.
Right?”
Right?
¿A quién se dirige?
Después de cuatro páginas escuchándolo, la pregunta parece atravesar otro límite.
Ya no estoy seguro de estar leyendo simplemente una nota editorial.
Parece que alguien me habla desde otro nivel del texto.
¿Hasta dónde puede descender una nota?
Esto produce otra pregunta.
¿Qué ocurre si la estructura continúa?
Texto.
Nota al pie.
Narración dentro de la nota.
Referencia dentro de esa narración.
Otro texto.
Otro comentario.
Otra referencia.
¿Puede existir una nota de una nota?
¿Y una referencia de esa nota?
La estructura comienza a recordarme dos tecnologías distintas para perderse.
Una es contemporánea: Wikipedia. Un enlace conduce a otro, éste a otro y, después de cierto tiempo, resulta difícil recordar cuál era la consulta original.
La otra es Borges.
La Biblioteca de Babel.
Un espacio donde la cantidad potencial de textos transforma la búsqueda de significado en exploración.
Todavía no sé si House of Leaves llegará hasta allí.
Y no quiero averiguarlo antes de tiempo.
Por ahora sólo necesito conservar una regla metodológica:
No asumir que una nota al pie conduce hacia abajo. Puede conducir hacia adentro.
Los gnomos de Araborikea
La cantidad de referencias del capítulo me obligó a establecer otro procedimiento.
Envié a los gnomos de Araborikea a revisar las fuentes.
Su tarea parecía sencilla:
¿Existe el autor?
¿Existe el libro?
¿Existe la revista?
¿Coinciden el volumen, la fecha y la página?
El resultado fue extraño.
Algunas referencias son completamente reales. Mary Shelley y Frankenstein existen. MTV y The Real World existen.
Otras parecen no conducir a ninguna parte.
Isaiah Rosen.
Helmut Kereincrazch.
Donna York.
Frances Leiderstahl.
Joel Watkins.
Hardy Taintic.
Samuel T. Glade.
Leslie Buckman.
Dale Corrigan.
Y la sucesión de autoridades citadas en torno a Delial.
Pero el sistema es más complejo que una simple división entre verdad y mentira.
Una referencia puede utilizar una persona real y atribuirle un texto inexistente.
Otra puede imitar una publicación legítima.
Otra puede ser completamente inventada.
Todas conservan la apariencia formal de una referencia verificable.
Entonces los gnomos descubrieron algo más.
Alguien había pasado por aquí antes.
Otro lector de House of Leaves había dedicado una lectura a comprobar sistemáticamente las referencias del libro, anotando cuáles podía localizar y cuáles parecían ficticias.
Mi primera reacción fue pensar que nuestro trabajo había terminado.
Me equivoqué.
Lo importante no era que existiera una lista.
Lo importante era que otro lector había sentido la necesidad de crearla.
Por ello he dado instrucciones precisas a los gnomos:
No exploren por delante de mí.
El mapa queda doblado.
Encontrarlo no significa que debamos desplegarlo completo.
¿Por qué disfrazarse de académico?
Esto me lleva al aspecto más extraño del capítulo.
¿Por qué tanto esfuerzo?
¿Por qué inventar autores, artículos, libros, editoriales, revistas, páginas y fechas?
¿Por qué no limitarse a decir que “varios críticos” han discutido The Navidson Record?
Porque una referencia académica no sólo comunica información.
También comunica una promesa:
esto puede verificarse.
Una cita es una puerta que supuestamente permite abandonar temporalmente el texto y consultar la evidencia.
Pero aquí algunas de esas puertas no conducen a ninguna parte.
O peor:
conducen a otro pasillo.
Si todas las referencias fueran falsas, pronto aprendería a ignorarlas.
Si todas fueran reales, aprendería a confiar en ellas.
Pero la combinación destruye ambas estrategias.
Cada nueva cita exige una decisión:
¿La creo?
o
¿La verifico?
Y cuando decido verificarla ocurre algo que ya no pertenece únicamente a la novela.
Abro un buscador.
Consulto un catálogo.
Busco un autor.
Encuentro otro lector.
Leo una discusión.
Alguien menciona a Borges.
Pienso en la Biblioteca de Babel.
Y cuando finalmente regreso a la página han pasado veinte minutos, treinta minutos, quizá una hora.
He recorrido espacios que físicamente no están impresos en mi ejemplar.
La Casa es más grande por dentro que por fuera.
Empiezo a preguntarme si el libro también lo es.
El libro produce investigadores
Aquí aparece una nueva cadena.
Zampanò investiga The Navidson Record.
Johnny investiga a Zampanò.
Los editores investigan y organizan a Johnny.
Otro lector investiga las referencias.
Chimalnepantla encuentra las huellas de ese lector y comienza a investigar su investigación.
Cada investigador encuentra los restos dejados por otro.
La exégesis produce otra exégesis.
Y ésta produce otra.
Quizá el aparato académico de House of Leaves no tenga únicamente la función de hacer que una película inexistente parezca real.
Quizá también esté diseñado para provocar una conducta específica.
Verificar.
Buscar.
Comparar.
Catalogar.
Dudar.
Seguir referencias.
Construir hipótesis.
En otras palabras:
investigar.
Quizá House of Leaves no esté diseñado solamente para ser leído.
Quizá esté diseñado para producir investigadores.
Y si eso es correcto, entonces algo extraordinario acaba de ocurrir.
La estructura narrativa ya no está contenida por el objeto físico que tengo entre las manos.
Ha comenzado a utilizarme para continuar expandiéndose.
La imagen de algo perdido
El capítulo termina regresando a las imágenes aparentemente inocentes del comienzo.
Karen y los niños bajando las escaleras.
Las huellas de las mascotas sobre el césped cubierto de rocío.
La luz de la tarde.
Y finalmente la house, quieta en la esquina de Succoth y Ash Tree Lane.
La escena está construida desde la nostalgia.
Estas imágenes parecen importantes porque pertenecen a algo que ya se perdió.
Navidson quería conservar la vida cotidiana.
Ahora las imágenes funcionan como restos de aquella cotidianidad.
Pero aquí aparece nuevamente una anomalía que ya no puedo tratar como accidente.
La palabra house vuelve a estar marcada en azul.
🔵 HOUSE
La recurrencia cromática está confirmada.
No sé todavía qué significa.
No quiero imponer una interpretación antes de reunir suficientes ejemplos.
Por ahora sólo registraré cada aparición, del mismo modo que registro las notas al pie y las referencias imposibles.
🔵 HOUSE — recurrencia cromática confirmada.
Hay, sin embargo, algo que el color ya consigue hacer.
Mi ojo encuentra la palabra.
La distingue.
La Casa queda separada materialmente de las palabras que la rodean.
En las imágenes descritas al final del capítulo, Karen, los niños y los animales todavía parecen habitar un hogar.
Nosotros observamos esas mismas imágenes desde otro lugar.
Ellos todavía ven una casa.
Yo ya he empezado a ver la Casa.
Nota de Chimalnepantla
Al comenzar este capítulo pensé que estaba observando cómo Zampanò estudiaba una película.
Al terminarlo ya no estoy seguro.
Una película inexistente es analizada mediante estudios posiblemente inexistentes. Un hombre ciego describe imágenes que no pudo observar directamente. Un editor modifica el manuscrito que afirma preservar. Las notas al pie crecen hasta convertirse en narraciones. Las referencias académicas obligan al lector a abandonar físicamente el libro para comprobarlas. Otros lectores han hecho lo mismo antes.
La estructura comienza a parecerse demasiado al objeto que describe.
La Casa produce espacios donde no deberían existir.
El libro produce textos donde tampoco deberían existir.
Y ambos parecen expandirse cuando alguien entra.
Por ahora conservaré una hipótesis provisional:
La exégesis de Zampanò quizá no esté documentando la existencia de The Navidson Record. Quizá sea precisamente aquello que le permite existir.
Pero hay una consecuencia todavía más inquietante.
Si cada lector que intenta verificar el texto produce nuevas notas, catálogos, discusiones e interpretaciones, entonces la expansión no terminó cuando Danielewski publicó el libro.
Continúa con nosotros.
Tal vez por eso la pregunta ya no sea únicamente dónde termina la Casa.
También debo comenzar a preguntarme:
¿Dónde termina el libro?
